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martes, 6 de septiembre de 2011

Okey, Silvio concuerda con Pablo...

Por Andrés Pascual



       El asunto es que fue un mexicano, no recuerdo si Carlos Monsivais, el que le sugirió a Haydeé Santamaría “tener bajo control y protección a Silvio”, después de conocerlo en un conciertico de los que daba en sus inicios en la Casa de las Américas; sería 1968 o principios del 69; tal vez ni la llamada Nueva Trova existía ni Ojalá.

       El escritor azteca le oyó al panfletero con guitarra sus raras canciones de entonces, como Hay un grupo que dice o La Canción de la Trova, que le confundieron entre los jóvenes más huérfanos del mundo, los cubanos de la  época dentro del país, como su posible representante musical. Quizás, no estoy seguro, nos imaginamos que era nuestro Bob Dylan al revés, porque casi todos creíamos que sería la cuchilla de cirujano útil para hacer la necesaria vivisección de un monstruoso aparato represor que nos asfixiaba. Ya había muchos jóvenes cubanos de su edad pudriéndose en la prisión política y miles en los gulaps de Camaguey.

       Nosotros no necesitábamos la revolución, que nunca existió; sino la rebelión ante un esclavista criminal…no se pudo por mucho que se intentó; como que era la época del flirteo del tirano con mundo y medio, no fue posible; sin embargo, el galardón se ganó por aceptar la batalla desigual y Silvio fue de los que decidió abandonar el bando honroso e integrar el de los asesinos, excento de persecución, cárcel y muerte, con la alternativa de poder hacerse millonario en la medida que su compromiso lo hiciera arrastrarse más ante la dictadura y entonces eligió convertirse en el más claro ejemplo de alta traición al reclamo generacional jamás visto en Cuba…ni Pablo.

       Eran los años en que el liliputiense Juan Hernández Díaz, director de la programación de radio y televisión del ICRT, osó decir que “ese hippie no va a cantar nunca en este radio ni en esta televisión por mis t……s”, porque no supo o no quiso medir el nivel de confrontación que se le avecinaba con semejante individuo. Si bien Hernández Díaz no fue purgado, debió entender rápido que Silvio no lo necesitaría nunca para cantar ante las cámaras y los micrófonos, que hasta el circuito del disco militante EGREM y el Festival de Varadero versión 1981 y posteriores, pasarían a ser de su propiedad.

       En 1971, quizás 72, lo montaron en un barco camaronero y debió bojear Africa sin posibilidades de bajarse en ningún país, fue un castigo y Pedro González Bosque, médico clínico, a la sazón cumpliendo el llamado servicio social en funciones en la embarcación, me contó algunas de esas cosas.  Hubo quienes dijeron que el aparato censor “no había comprendido bien la canción Ojalá, yo no lo creo; sin embargo, Silvio jamás volvió a contradecir ni a un enfermero con una medicina equivocada: dejaba que se la inyectaran sin chistar aunque le produjera reacciones.

       Silvio supo siempre que sin el apoyo de la tiranía y la conexión de esta con los grupos comunistas del sub continente más España no le era posible triunfar, porque no es comercial y yo diría que tampoco intelectual o “de tesis”, como les gustaba llamar a los estudiantes a aquellos libros o filmes que nunca entendieron, durante la era de la antigua Escuela de Letras, muy al estilo francés de entonces, porque veían “Cleo de 5 a 7”  o “La Felicidad”, películas de Agnes Varda, en el cine ensayo universitario.

       A pesar de todo, los comisarios del G-2 siempre dudaban de su fidelidad al régimen, que en realidad no ha sido más que un alto concepto del oportunismo servil “IN CRESCENDO” a tiempo completo, razón por la cual le colocaron como “representante”, a partir de los 80’s, a un oficial de la contrainteligencia que había sido su vecino desde que Haydeé Santamaría le consiguió el primer apartamento y, en esa época, era dirigente de una de las llamadas flotas y no recuerdo si camaronera o cuál otra. Cuando al candelariense Tito Márquez, según me dijo una vez su hermana Maruca “compañero de lucha de Fulgencio Oroz”, lo hicieron  “la sombra de Silvio Rodríguez”, todavía el tipo lo identificaba como “mi manager, a quien quiero como a un hermano”.

       Tenía que suceder, resulta que Silvio reaccionó contra Pablo por sus declaraciones contra el abuso que se conoce desde hace 52 años por todo el mundo, menos “por los sordos de cañón entrenados”. Lo que le molestó fue que se hiciera en Miami previo al concierto que dio Milanés.

       Es sospechoso que la rata de San Antonio de los Baños dijera que “concuerdo con muchas cosas de las que dijo, pero condeno el lugar y el tono desamorado como lo dijo”, por lo que Pablo gana credibilidad ante cualquiera, una vez que Silvio no tuvo en cuenta lo que, en la carta al Inmundo, aquel había escrito como valladar contra posiciones como la del compositor de La Canción del Elegido: “basta de escuchar tienes razón y lo comparto, pero al oído, en susurros, de boca hasta de dirigentes…quizás”

       El único lugar donde Pablo debía y lo hizo, decir esas cosas y en ese tono era en Miami, hasta donde se sabe, Cuba no es una plataforma de libre expresión sin riesgo inmediato; me parece que en La Habana no hubiera podido concluir la primera sílaba de la primera palabra de lo que dijo, verdades que no lo alejan de su compromiso con la tiranía ni le exculpan del largo contubernio de apoyo tan condicional por oportunista como el del propio Silvio, sin recibir una ración de palos; a fin de cuentas, ya no esta “la envidia de Almeida” para culparlo por su desgracia como hizo cuando lo enviaron a la UMAP.

      Que Silvio haya dado a conocer que está de acuerdo con muchos de los puntos dichos por Pablo, le colocan en el nivel mas elevado posible de “hijo de puta”, porque ¿Dónde ha hecho la denuncia que cause efecto en la tiranía y la obligue a hacer las cosas, incluso de “nuevos reformistas”, que arreglen el problema de la población cubana en cuanto a democracia y libertades?

       El único arreglo capaz de colocar en el rumbo que le obligaron a perder a Cuba es extirpar de raíz el castro-comunismo y aplicar la cuota, por grande que sea, de justicia político-social, con fusilamientos, cárcel y deportación incluídas.

        Mire usted, la Iglesia de Raúl quedó complacida, porque el propio dueño le aseguró a su “eunuco preferido ante las Cortes”, monseñor Jaime cardenal Ortega y Alamino, que “ninguna instancia del gobierno ha ordenado la represión abusiva contra las Damas de Blanco…”

        ¿Acaso creyó eso Silvio? Entonces, de acuerdo a la respuesta ¿Fue voluntario u obligado durante el Mariel para “despedir” a Evelio Taillac, a Mike Porcell o a Yolanda Cuellar…y no con besos y abrazos?.

        Este es el caso de los “susurradores al oído” (de un tiempo a esta parte), a que se refirió Pablo en su carta-testamento de separación relativa del castro-comunismo, publicada como respuesta a quien no pudo gozar de ninguna mención en la réplica oficial de Silvio, el Inmundo García.

        Silvio no fue “duro” a la manera usual con Pablo Milanés, porque resultaría muy engorroso y difícil tener que comenzar, en tiempos turbulentos, una campana en la que se niegue la clase profesional del aludido tal vez hasta con referencias de que sus canciones se las componía “un compañero”; porque, posiblemente, Pablo le haya dicho a todo lo que se expondría si declaraba lo poco o lo mucho que dijo, a quienes en España le llaman Querido Pablo, que lo quieren más que a Silvio y no sé la razón, pero la clase artística debe contar y, posiblemente, un ripio de vergüenza.

        Por lo otro que Silvio trata un poco menos duro de lo normal a Pablo debe ser porque este, quizás, conozca 3 ó 4 cosas “feas”, tal vez políticamente no correctas, no solo de Silvio y, más escándalo de lo que ya tienen no quieren. En poco tiempo el caso Pablo estará cerrado a la publicidad con pena de cárcel para el que lo reabra allá; si no al tiempo.



      






























         

sábado, 20 de agosto de 2011

Ambivalencia oportunista y compatida


Por Andrés Pascual



       Sí, Pablo Milanés comenzó a “caerle gordo a Castro” desde aquel comentario “desfavorable contra la tiranía” por lo de Celia y la prohibición a viajar a Cuba por la muerte de su madre, porque fue hecho “a los medios del pueblo” y se escuchó por televisión en vivo y directo.

       Por aquellos días, ¿1985? Arturo Sandoval le decía a la revista Cuba Internacional que “aquí todos los músicos no recibimos igual ayuda, para comprar un piano hemos tenido que ahorrar de nuestros salarios (él y sus músicos), si no…” Desde España, Pablo dijo algo de respaldo al lamento de Arturo, malo también, pero sin consecuencias, ahora, ¿Por qué razón?

       Desde principios de los 70’s, Pablo Milanés se convirtió en una figura “adorable” por los músicos y artistas españoles, tanto que el título de uno de sus discos a dúo con varios de ellos refleja la forma como le aman: “Querido Pablo”.

       Al revés de Silvio que, para los intérpretes españoles, por muy comunistas que sean, saben que no sirve para producir lo necesario como para vivir holgadamente de la profesión en el mundo de la competencia, a pesar de lo que digan. Sin embargo, Pablo vende, vende como compositor y, como cantante, es mejor que “El Esclavo de las Tinieblas”, además, son identificables en su producción las raíces cubanas.

       Si la tiranía hubiera defenestrado a Pablo por cualquiera de los comentarios que ha hecho desde mucho antes de los que hace hoy, hubiera incurrido en un error monumental, porque se arriesgaba a perder el tremendo apoyo histórico de la clase artística ibérica que tanto la ha justificado y  que el músico mueve como le da la gana (la carta firmada por más de 100 artistas y músicos, comunistas o demócratas no hace mucho, fue por la influencia de las declaraciones en la entrevista que le hiciera una revista en España) 

      Castro es un asesino, un imbécil como estadista, pero no come mierda. Entonces pasó y pasa como que nunca lo han oído para evitar los problemas, además de con España, con el público del músico dentro de la propia Cuba, porque hubiera sido muy difícíl de explicar que este individuo, tan plegado de forma oportunista al castrismo, era “un agente de la CIA, o un contrarrevolucionario consumado”, lo que hubieran podido hacer, pero no aceptaron el reto para no perder los beneficios políticos que reporta tenerlo de su lado aunque, de vez en cuando, tire alguna patada sin puntería.

     En honor a la verdad, Pablo Milanés tenía su público y Silvio el que, luego de imponerlo tanto como a Pablo, pero con menos clase, le consiguió la tiranía por fuerza de imposición.

     Hace muchos años, quizás 40, poco antes de que me pusieran preso, la tiranía concentraba a más de cinco mil terroristas en un feudo del Asesino de la Rastra, Osmani Cienfuegos, al noroeste de Candelaria y detrás de Soroa, el lugar era conocido como 5 de Mayo o el Plan Osmani; esta academia multinacional de entrenamiento la encubrían como un plan de desarrollo económico a base de talabartería, carpintería…exactamente igual a como funcionaba, por esa época y desde antes, el de Celia Sánchez conocido como Cubalse.

      Mensualmente, por lo menos dos veces, recibían la visita del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC con todos su cantantes, miembros de la Nueva Trova que, en esa época, solo eran 4: Silvio, Pablo, Sara González y Noel Nicola.

     Porque un compositor amigo mío, José Luis Pérez, me invitaba gracias a su estrecha amistad con quien también fue mi amigo y anticastrista que yo aseguro, Emiliano Salvador, pianista del grupo, asistí varias veces con ellos a aquellos “conciertos”.

     Desde que abordábamos el “robur”, Emiliano nos decía, bien bajo, “cada vez que tengo que venir aquí, vomito” y, como para no quedarse solo, miraba para Pablo y seguía “y ese también, lo que no lo dice, pero desde un día antes no se le puede hablar…” Una vez José Luis le preguntó por Silvio y le dijo, “no, no ¡cuidado con ese!”

     La única respuesta conocida de la tiranía contra Pablo fue prohibirle construir su estudio de grabaciones como le permitieron a Silvio, por lo que se puede suponer que el bayamés tiene dinero, pero no el de la cucaracha de San Antonio de los Baños.

     A través de los años, en Pablo ha primado una ambivalencia extraña con respecto al castrismo: un día viene y dice algo y mañana lo otro que lo aparta del principio y la honestidad ante la circunstancia. Esa doble moral (porque la es), le descalifica como digno de alabarse o de tenerse en cuenta a la hora de enumerar comparaciones con todo lo que ha contribuido a favor del castrismo. No fue, no es ni será un elemento luchador por la libertad de Cuba, que nadie se engañe

     Ese contubernio de aceptación mutua de circunstancias con la tiranía coloca a Pablo en el despreciable papel de elemento de vitrina, modelo en exhibición junto a la disidencia de hoy allá, para que se respete y acepte al castrismo como capaz de transigir ante el reclamo de libertad de expresión. Tanto el cantante como los opositores son los mejores defensores que se haya podido buscar esa repugnante dictadura, a pesar de todo lo que dije aquí.