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sábado, 20 de agosto de 2011

Mariconeria y Revolucion


Por Andrés Pascual



       Entre 1966 y 1970 la Escuela de Letras y Arte de la Universidad de La Habana era un verdadero “nío” de maricones y tortilleras. Curioso, sin embargo, que también lo era de chivatos del G-2.

       Ser hombre o mujer, es decir, héterosexual en el recinto que dirigía Vicentina Antuña y para el que trabajaban como docentes la lesbiana Mirta Aguirre y Adelaida de Juan, era un acontecimiento.

        Antes de continuar, lo peor de Mirta era lo fea y lo mala que estaba, parecía un macho virado de espaldas, pero sabía, era inteligente e hija de puta por naturaleza. Su amor enfermizo, platónico, era Juana de Asbaje, a la que nunca se refería como la conoce la historia, Sor Juana Inés de la Cruz, para no contaminarse con lo místico, a pesar del libro que escribió sobre la insigne poetisa y monja azteca.

         En aquella época, Camilo José Cela estuvo en Cuba y en la Casa de las Américas dijo lo que José Antonio Portuondo y el Sargento Tamal, Roberto Fernández Retamar, consideraron una expresión más ofensiva que rallar la tumba de Gonzalo Castañón para España: “Para nosotros, Cuba siempre será esa hija que se nos fue de puta”.

         Cuando la UMAP echó a andar, lo mismo en el llamado de 1965 que en el de 1966, de la Facultad de Letras y Arte solo fueron concentrados en aquellos campos de abuso y represión los maricones que no eran chivatos o algunos héteros que escogieron que tampoco lo eran; o sea, el 98 % de los homosexuales, que eran informantes, se quedaron en el centro sin problemas.

          ¿Por qué fue así? Porque la dictadura no perseguía a los homosexuales, sino a los anticastristas y desafectos. Un maricón “entusiasta y combativo” no tenía ningún problema, porque no era terreno fértil para “la penetración del enemigo” y hablo en funciones de espionaje no de sexo y, si el tipo no era de “familia siquitrillada” con una bodega, farmacia o puesto de frutas robada, menos. Ahora, asistir a la Iglesia o al Culto y, además, ser fanático del mismo sexo, era un pasaporte directo a “Camanyule”, como llamaron los Hermanos Bravo al asunto en la conga famosa y prohibida que casi les cuesta la carrera…

          Curioso que nunca hubo un movimiento masivo represor contra las lesbianas, por lo que era muy difícil que perdieran sus trabajos, aunque fuera en el aula y Mirta Aguirre fue un soberano ejemplo o Consuelito Vidal, a pesar de la amenaza de Papito Serguera de “o te desentortillas o te boto pa’l carajo de aquí” , o Esther Borja.

          Abel Prieto, Ministro de Cultura que perdió la botella política del Buró Político y del Comité Central en el reciente Congreso, adorador de The Beatles, The Rolling Stones y The Cream, primo hermano de Marisela Verena y con una hermana viviendo en Miami, no salió de Letras para la UMAP ni fue castigado por “desviarse” a trabajo en Crusellas, en chocolate La Estrella o sembrando pinos en Oriente o en Pinar del Río: siguió, se graduó y a escribir, que era su pasión, tan fuerte como la de Berenice.

          Desde diciembre de 1965, una batería de intelectuales-politólogos, como el padre de Abelito, del mismo nombre y apodado El Cojo por una malformación en una pierna desde su infancia (tal vez poliomielitis, no recuerdo), chupatintas del grupo de Becas en el Ministerio de Educación de la era del  liliputiense Armando Hart; como Gaspar Jorge García Galló, como José A. Portuondo, como Blas Roca o el propio tirano a través de los editoriales del Granma, en la revista Verde Olivo o en Alma Máter, iniciaron una campaña contra las conductas desafectas al régimen utilizando como chivo expiatorio al homosexualismo y basada en el peligro que representaban para la sociedad comunista, porque lo explicaban como conductas heredadas o influidas por la sociedad capitalista. El nombre que usaron para definir al joven que debería ser enviado a la UMAP era “enfermo” y las caricaturas de Nuez y compañía lo presentaban con cara soñolienta, pantalones estrechos y actitud afeminada. La guerra contra la juventud, por circunstancias de “diversionismo ideológico” alcanzó, en ese momento, su verdadero clímax, continuado hasta hoy sin concesiones de ninguna índole: “maricón, tortillera, sí; pero contra la revolución nada”      

     Raúl Roa Kourí, vástago del canciller indigno de igual nombre y de la cardióloga Olga, hija del eminente oncólogo Pedro; así como el músico Felipe Dulzaides, Pablo Milanés y el actor, galán de CMQ, Alberto Insua, también fueron reconcentrados allí.

      El tiempo cambia vertiginosamente, tanto así que los homosexuales en Cuba tienen protectores a través de una institución que lidera Mariela, hija del asesino-tirano de turno y hasta marchan por La Habana a favor de su orientación, es decir, de la dictadura “cambiante”.














jueves, 18 de agosto de 2011

La justificacion de Pablo Milanes


Por Andrés Pascual



       A Pablo Milanés lo crió (o lo educó) una familia “pudiente”, dueña de ferreterías. Hace tiempo, cuando todavía estaba en buenas con Fidel y no le había dicho a una revista y a la televisión oficialista en La Habana, durante una jornada de las llamadas Por el Arte y la Cultura que “el peor crimen cometido por la revolución fue impedirle a Celia Cruz que asistiera al velorio de su madre”, después que Armando Hart las calificara a ella y a Olga de “momias de una incultura que nadie puede llamar cubana, fósiles sin gracia ni clase” ni había entrado en la controversia por lo de “su estudio de grabaciones” que, “a Silvio sí y a mí no” lo que le hizo tomar conciencia ante situaciones, muy pobres, pero algo es algo, que ni el hacinamiento represivo y criminal en la UMAP lograron, conoció que un descendiente de aquella familia estaba casi en la indigencia, por lo que le pidió al sátrapa que le vendiera algo para enviarle el importe al individuo. Entonces Castro le quitó la casa a un “extranjero” y se la vendió al cantante que, a su vez, se la revendió a un artista español creo y le mandó “la remesa” al casi pariente. Hasta donde sé, el único gesto digno de consideración de este individuo y lo cuento porque lo conozco de primera y buena mano (al cuento)

      ¿Por qué metieron a Pablo en la UMAP? Nadie lo sabe y tal vez ni él mismo aún lo sepa; pero, dicho a finales de los 60’s delante de mi y de alguien que estuvo durante el período de un año y meses que anduvo preso en Camaguey, que reside en Miami desde hace más de 30 años, Mario Felipe Lamas que “mi tragedia no me la ocasionaron ni Fidel ni la revolución, Mayor, así le decía a Mario, fue Almeida por envidia, por eso sigo a Fidel y a la revolución y hay que matarme por ellos”

      A Pablo “lo palanquearon” porque la gente del “feeling”, Elena y hasta Bola de Nieve movieron cielo y tierra y llegaron a Celia Sánchez, entonces no terminó el período de campo de concentración en 1968; sino que lo trasladaron a una unidad regular de SMO en Campo Florido y después en el Nuevo Vedado, desde donde fue licenciado. Este movimiento es lo que le ha dado la oportunidad de negar que estuvo en Camaguey, porque terminó como un recluta más de Servicio Militar y así consta en su baja.